El trabajo de un sacerdote de Eros

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Puede que desde hace un tiempo hayas notado que las redes sociales del Santuario de Eros han tenido muy poca actividad. Se debe, principalmente, a que tanto mi devoción a Eros como mi labor sacerdotal ha acabado en un plano más mundano porque así he sentido que Eros me lo pedía, o que era la forma más adecuada en este momento de rendirle honor. Siempre he creído que la labor y el título de sacerdote solo tienen sentido en una comunidad. Un sacerdote es quien consagra su vida a una o varias divinidades pero también es quien consagra su vida en una comunidad, acercando a esa divinidad al resto de múltiples formas.

Rev. Roble Tormenta durante la manifestación del Orgullo en 2021 en su ciudad
Rev. Roble Tormenta durante la manifestación del Orgullo en 2021 en su ciudad

El activismo como labor sagrada

Este año sentí la necesidad de implicarme de forma más activa en la comunidad LGBTIQ+ de mi ciudad y por ello me uní a la asociación LGBTIQ+ de mi ciudad y asumí roles de responsabilidad. Para mi, parte de mi devoción y de mi servicio a Eros consiste en acercar lo sagrado a las personas LGBTIQ+ pero como miembro de la comunidad y con cada cosa que hacía enfocada a ella sentía que faltaba algo.

De una forma bastante fluida acabé en contacto con la asociación y en poco tiempo estaba ayudando a organizar manifestaciones y actividades durante el Orgullo que se celebró este año. Más tarde acabé creando espacios seguros para que personas de todas las orientaciones sexuales e identidades de género se pudieran expresar libremente, me puse en primera fila reclamando derechos y que se tomaran medidas para acabar con la creciente ola de delitos LGBTIQfóbicos que se ha producido en España durante el 2021, aconsejé y acompañé a personas que necesitaban algo de guía, cree material informativo y pasé horas en actividades para recaudar fondos para poder seguir haciendo más actividades.

Todo eso es lo que es el activismo, porque no todo tiene que ver con salir a manifestarse, y todas y cada una de esas cosas han sido una labor sagrada dedicada a Eros. Puede que no tenga cerca físicamente una comunidad que sienta una devoción por Eros pero si que tengo muy cerca a personas que se pueden beneficiar de esa labor aunque no compartan esas creencias. Esto también entronca con lo que significa ser un sacerdote para la Fellowship of Isis, sacerdocio el cual estoy estudiando ahora, ya que aceptar ese sacerdocio implica aceptar el trabajo voluntario realizado para ayudar al desarrollo del plan divino de las deidades. En la Fellowship of Isis el sacerdocio implica un compromiso y un servicio diario que se puede traducir entre otras cosas en activismo por los derechos humanos lo que incluye el activismo LGBTIQ+. 

Un sacerdote hace mucho más que la labor ritual

Un sacerdote no solo tiene que dedicarse a guiar rituales y oraciones, también tiene que ser de algún modo el vehículo de la energía divina a la que se ha dedicado. Esto se puede traducir de muchas formas dependiendo de la deidad; en el caso de Eros implica un trabajo por volver a sacralizar y naturalizar todo lo que tiene que ver con el sexo y el género, trabajar por una sociedad más pacífica, amorosa y tolerante, educar en salud sexual y enseñar sobre Eros y divinidades afines.

Aún recuerdo algo que solía decir Jana de Madrid, sacerdotisa de la Tradición de la Diosa en Iberia a quien perdimos hace algo más de año, y es que no siempre se valora los aspectos menos bonitos de ser un sacerdote o una sacerdotisa ya que limpiar, abastecer el templo y cuidar de tu comunidad son cosas mucho menos vistosas pero igual o más necesarias que dirigir rituales o convertirte en un maestro carismático que enseñe sobre los misterios divinos. Siempre estuve de acuerdo con lo que Jana decía y ahora me doy cuenta de que en realidad la labor sacerdotal es algo mucho más grande y que pocas personas están verdaderamente dispuestas a asumir.

Ser un sacerdote de cualquier divinidad no tiene porque implicar ser un líder ni el centro de atención que, lamentablemente, es lo que más solemos ver a lo que aspiran muchas personas. Podemos mirar a religiones más grandes y ver que no todo el que ejerce el sacerdocio lo hace desde la posición más pública y trabajan por sus comunidades sin buscar fama alguna. Tampoco creo que no se deba reconocer la labor de las personas y algunas labores requieren más reconocimiento que otras por el tiempo y el esfuerzo empleados en ellas, pero la búsqueda de la fama o de notoriedad no es la finalidad del sacerdocio.

Para mi ser un sacerdote implica trabajar en los campos que rige esa deidad tanto en lo espiritual como en lo mundano. Requiere saber ofrecer consejo y herramientas espirituales pero también acciones cotidianas y soluciones corrientes a los problemas ordinarios. Con el paso del tiempo he comprendido que en la actualidad ser un sacerdote de Eros implica tanto enseñar y guiar en las cosas espirituales para aquellos que comparten la devoción como salir a la calle y hacer del mundo un lugar más digno donde el culto a Eros pueda existir en cualquier parte y para esto último hace falta arreglar un montón de cosas que fallan en el sistema en el que vivimos. Trabajar en lo mundano también repercute en lo espiritual, no solo porque hace tu conexión con esa deidad más estrecha si no porque te da una visión más profunda de lo que debes trabajar espiritualmente viendo las áreas del mundo ordinario donde se necesita más la presencia de esa divinidad.

El tiempo no todo lo cura

El tiempo no todo lo cura

Suelen decir que el tiempo todo lo cura pero sé que eso no es cierto. El dolor no desaparece con el tiempo, hay que aceptarlo, hay que integrarlo y trabajar para sanarlo, solo el tiempo no es capaz de curar nada al igual que el tiempo no es capaz de curar una herida abierta, si no tratamos la herida nunca sanará. El tiempo es esencial en la recuperación, pero si no hacemos nada para tratar el problema al igual que con una dolencia física las dolencias emocionales solo empeorarán.

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Estamos perdiendo la empatía

Nietzsche tiene una famosa frase que dice: «Dios ha muerto», como paganos sabemos que los Dioses están mucho más que vivos. Pero algo me dice que en esa frase tengo que sustituir «Dios» por «empatía», quizá la empatía no este muerta del todo aún, pero si está agonizando, y la estamos matando un poco entre todos.

La importancia de la empatía

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El culto al cuerpo

Me despierto, me levanto y voy al baño. De pronto me encuentro frente al espejo observándome, viendo si me ha salido alguna imperfección nueva de la que me tenga que ocupar antes de salir a la calle. Es casi como un ritual que llevo haciendo desde el instituto, más o menos desde que fui plenamente conscientes de mi apariencia. Recuerdo que siempre he tenido bastante voluntad sobre mi apariencia. Desde bien pequeño he sido yo quien elegía la ropa que me ponía o el corte de pelo que quería (doy gracias a que mi madre no quisiera repetir el patrón de imposición que mi abuela hizo con ella).

Durante mucho tiempo lo único que me preocupaba era gustarme a mí mismo, o, más bien, que las cosas que eligiera me gustasen, porque creo que ese sentido de la autopercepción para un niño tan pequeño es un poco grande. Con la llegada del instituto, con once años, la cosa cambio: ya no me preocupaba tanto que esas decisiones me gustasen a mí como que no resultasen extrañas para los demás. La primera presión sobre mi cuerpo llegó fue que las reacciones de quienes componían mi entorno no fueran negativas. Afortunadamente todavía me quería demasiado como para que me afectara demasiado. No fue nada que no pudiera manejar en relación a cosas que nunca me había planteado sobre mi cuerpo y a las que les daba la razón o a mi orgullo porque me gustase a mí.

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