El tiempo no todo lo cura

El tiempo no todo lo cura

Suelen decir que el tiempo todo lo cura pero sé que eso no es cierto. El dolor no desaparece con el tiempo, hay que aceptarlo, hay que integrarlo y trabajar para sanarlo, solo el tiempo no es capaz de curar nada al igual que el tiempo no es capaz de curar una herida abierta, si no tratamos la herida nunca sanará. El tiempo es esencial en la recuperación, pero si no hacemos nada para tratar el problema al igual que con una dolencia física las dolencias emocionales solo empeorarán.

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El culto al cuerpo

Me despierto, me levanto y voy al baño. De pronto me encuentro frente al espejo observándome, viendo si me ha salido alguna imperfección nueva de la que me tenga que ocupar antes de salir a la calle. Es casi como un ritual que llevo haciendo desde el instituto, más o menos desde que fui plenamente conscientes de mi apariencia. Recuerdo que siempre he tenido bastante voluntad sobre mi apariencia. Desde bien pequeño he sido yo quien elegía la ropa que me ponía o el corte de pelo que quería (doy gracias a que mi madre no quisiera repetir el patrón de imposición que mi abuela hizo con ella).

Durante mucho tiempo lo único que me preocupaba era gustarme a mí mismo, o, más bien, que las cosas que eligiera me gustasen, porque creo que ese sentido de la autopercepción para un niño tan pequeño es un poco grande. Con la llegada del instituto, con once años, la cosa cambio: ya no me preocupaba tanto que esas decisiones me gustasen a mí como que no resultasen extrañas para los demás. La primera presión sobre mi cuerpo llegó fue que las reacciones de quienes componían mi entorno no fueran negativas. Afortunadamente todavía me quería demasiado como para que me afectara demasiado. No fue nada que no pudiera manejar en relación a cosas que nunca me había planteado sobre mi cuerpo y a las que les daba la razón o a mi orgullo porque me gustase a mí.

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