¿Dónde están las diosas lesbianas?

Cuando profundizamos en los mitos y en las historias de las diferentes culturas el lesbianismo no parece tener casi ningún tipo de protagonismo. Hay diosas que pueden llegar a tener alguna relación con seres de su mismo sexo, pero esto suele resultar algo anecdótico en sus historias y más que lesbianas serían consideradas bisexuales o pansexuales ya que normalmente también tienen relaciones con hombres. Si sabemos que las relaciones homosexuales en ambos sexos son tan antiguas como la humanidad, ¿dónde están las diosas lesbianas?

Detalle de Diana en el Baño de Francisco Reigón (1858)
Detalle de Diana en el Baño de Francisco Reigón (1858)

La historia la han contado los hombres

El gran problema para encontrar historias en las que diosas o seres mágicos o espirituales femeninos que tuvieras relaciones con otros seres femeninos es que la historia, hasta relativamente hace poco, siempre la han contado los hombres por lo que solo hemos obtenido su visión del mundo dejando de lado la visión y experiencia de las mujeres. Esto no quiere decir que no las hubiera porque como ha pasado con tantas otras cosas hasta que no han llegado las mujeres a la antropología y la historia no hemos descubierto esa parte olvidada: la de las mujeres.

En Roma por ejemplo sabemos que en el culto de la Bona Dea sus ritos estaban reservados a las mujeres, y como eran ritos mistéricos en los que los hombres o representaciones de hombres o animales macho estaban prohibidos sabemos todavía menos que de los Misterios Eleusinos, los cultos mistéricos en torno a Deméter y Perséfone. La Bona Dea (que significa La Buena Diosa) es un epíteto de una diosa cuyo nombre verdadero estaba reservado a los iniciados. Es por eso que los historiadores romanos contemporáneos a su culto, todos hombres, especularon con su verdadero nombre e identidad.

Se cree que al tratarse de una diosa de la abundancia y la fertilidad en los ritos mistéricos de la Bona Dea se llevaban a cabo prácticas sexuales sagradas, pero en su culto solo participaban mujeres. Algunos sostienen que esas prácticas llevadas a cabo entre mujeres podían incluir dildos de algún tipo pero si hasta las representaciones masculinas estaban prohibidas puede que también lo estuvieran los símbolos fálicos y por lo tanto los dildos también. Es por eso que algunos historiadores actuales creen que si hubo prácticas sexuales sagradas en su culto estas serían probablemente lésbicas y que su asociación con la castidad sería un producto de que los hombres no podían participar o saber nada de sus misterios y por eso asumieron ese atributo a la Bona Dea.

Redescubriendo a las diosas lesbianas

Puede que la Bona Dea no fuera una diosa lesbiana en si misma pero si que es cierto que su culto era específicamente femenino y probablemente el desenfreno y desinhibición que se especula que tendrían sus rituales las prácticas lésbicas fueran parte aceptada de su culto. Teniendo esto en mente si pensamos en otras diosas cuyo culto estaba reservado a mujeres o cuya corte sola la integraban seres femeninos podríamos pensar que también serían diosas que tendrían algún tipo de vinculación con el lesbianismo.

De la misma forma podríamos considerar a Artemis (Diana para los romanos) como una diosa vinculada al lesbianismo ya que su séquito solo podía estar formado por ninfas, mujeres y otros seres femeninos. De hecho las tradiciones diánicas, integradas en su mayoría únicamente por mujeres, tienen como diosa principal a Diana y en muchas de ellas tienen espacios exclusivos para mujeres lesbianas. Aunque también en muchas tradiciones diánicas se considera únicamente a la Diosa como fuerza divina y no a una energía complementaria, ya sea el Dios u otra diosa.

Aún así si queremos rescatar la polaridad de energías complementarias en una pareja de diosas lesbianas tendremos que volver a reinterpretar lo canónico porque, recordemos, solo ha sido escrito por los hombres. Ahí como el mito de Medusa ha sido vuelto a contar para reclamar el poder femenino podemos tener en cuenta el mito de Calisto para entender un amor lésbico.

Según el mito original Calisto era una ninfa cazadora del cortejo de Artemis, y para formar parte de ese cortejo Calisto había hecho voto de castidad. Sin embargo Zeus se enamoró de ella y adoptó la forma de Artemis para seducir a Calisto y dejándola así embarazada de Arcas, el héroe que dio origen a los arcadios. Después de quedar embarazada nos encontramos diferentes finales para su historia: o bien Artemis descubre que ha incumplido su voto, la transforma en osa y le da caza; Artemis al descubrir que esta embarazada le pregunta por ello y ella le responde que es a causa de la propia Artemis, tras lo cual la diosa se enfada y acaba teniendo un resultado similar al anterior; o bien es Hera, celosa de la infidelidad de su marido la que la convierte en Osa. Pero en todas las versiones Calisto transformada en osa acaba siendo elevada a los cielos convertida en la Osa Mayor y su hijo Arcas en la Osa Menor.

Una nueva versión que no culpe a Calisto y que nos ofrezca una nueva visión del amor lésbico podría ser la siguiente. Calisto estaba enamorada de Artemis por lo que se unió a su séquito como cazadora. Calisto y Artemis se amaron y de su amor Calisto quedó embarazada. Zeus celoso, pues había sido rechazado por Calisto, la convierte en osa. La osa Calisto vaga perdiendo cada vez más su humanidad hasta que es perseguida por su propio hijo Arcas en una cacería. Calisto huye hasta entrar en un recinto sagrado de Zeus, en el que incluso los hombres tenían prohibida la entrada, arrepentido, y tras la súplica de su hija Artemis, Zeus acaba subiendo a Calisto y su hijo al cielo convirtiéndolos en la Osa Mayor y la Osa Menor.

Esta puede ser solo una de las versiones en las que Artemis y Calisto sean amantes y tengan una relación lésbica. Del mismo modo podemos hacer esto con otras diosas investigando sus orígenes, sus cultos, sus mitos e historias y a través de la gnosis personal. Todas aquellas diosas que no tuvieron interés en los hombres pero aún así eran diosas de la tierra, la fertilidad o la abundancia en algún punto de su historia pueden ser una gran conexión entre la divinidad y las relaciones lésbicas.

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